¿Por qué vacunarse?

Centers for Disease Control and Prevention
Médico aplicando vacuna contra el sarampión
 
Photo: Josephine Carino
Las enfermedades se pueden contagiar fácilmente entre los niños.
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El beneficio inmediato de la vacunación es la inmunidad individual, la cual brinda protección a largo plazo, y a veces de por vida, contra una enfermedad. Las vacunas recomendadas en el programa de inmunización para la edad preescolar protegen a los niños contra el sarampión, la varicela, las enfermedades neumocócicas y otros padecimientos. A medida que los niños crecen, otras vacunas adicionales los protegen contra enfermedades que afectan a adolescentes y adultos, o que pueden encontrar al viajar a otras regiones; por ejemplo, las personas que viajan a ciertas partes de Sudamérica y África tienen como requisito aplicarse la vacuna contra la fiebre amarilla, pues la enfermedad sigue siendo prevalente en esas zonas.

Sin embargo, el beneficio secundario de la vacunación es la inmunidad colectiva, conocida también como inmunidad comunitaria. La inmunidad colectiva se refiere a la protección que se ofrece a todas las personas que pertenecen a una comunidad, gracias a las altas tasas de vacunación. Cuando un número suficiente de personas se vacuna contra una enfermedad, es difícil que la enfermedad adquiera fuerza en la comunidad. Esto protege también a quienes no pueden recibir vacunas (como los recién nacidos y las personas con enfermedades crónicas), y reduce la posibilidad de un brote que pudiera exponerlos a la enfermedad. La inmunidad colectiva también protege a las personas vacunadas que tal vez no hayan quedado inmunizadas plenamente (ninguna vacuna es 100% eficaz).

Cuando las tasas de vacunación en la comunidad caen por debajo del umbral de la inmunidad colectiva, pueden surgir brotes de enfermedades; por ejemplo, se calcula que el umbral de inmunidad colectiva para la polio es de entre un 80 a un 86%;[1] si la tasa de vacunación cae considerablemente por debajo de ese nivel, la protección a la comunidad podría no ser suficiente para prevenir la propagación de la enfermedad, principalmente en aquellas personas que no contaran con inmunidad previa por no vacunarse (debido a enfermedades crónicas o rehusarse a recibir la vacuna) o porque la vacuna no surgió el efecto deseado.

Eso es precisamente lo que sucedió en Inglaterra cuando disminuyeron las tasas de vacunación de la MMR (sarampión, paperas y rubéola). El sarampión es sumamente infeccioso, por lo tanto, tiene un mayor umbral de inmunidad colectiva que la mayoría de las enfermedades. A fines de la década de 1990, las tasas de vacunación contra MMR comenzaron a reducir de más de un 90 a un 80%, o menos, es decir, muy por debajo del nivel requerido para la inmunidad colectiva contra el sarampión. Como respuesta, la cantidad de casos comenzó a aumentar; aunque solamente se confirmaron 56 casos en Gales e Inglaterra en 1998, se confirmaron 1,348 casos en 2008. Una enfermedad cuya propagación había parado en el país hacía más de una década, fue endémica nuevamente.

La vacunación hace más que solamente proteger a una persona; protege a comunidades enteras. Los niveles suficientes de vacunación pueden brindar protección contra enfermedades a personas de la comunidad que de otra manera estarían vulnerables.


Fuentes de información

  1. History and Epidemiology of Global Smallpox Eradication. (1.5 MB). CDC. Acesado el 10 febrero 2014.

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Ultima actualización 10 febrero 2014